En México, 13 129 mujeres se encuentran privadas de la libertad, lo cual representa el 5.66 % de la población penitenciaria total. Sin embargo, en todo el país existen únicamente 22 centros femeniles que albergan a 6416 reclusas, mientras que el resto se encuentra en centros penitenciarios mixtos. En estas mujeres coexisten una diversidad de factores sociales: son mexicanas o extranjeras, tienen condiciones de estancia regular e irregular, son indígenas o afrodescendientes, son jóvenes en edad laboral o mujeres mayores de 65 años, son personas que no saben leer y escribir o poseen estudios superiores.
Las mujeres privadas de la libertad son más susceptibles al abandono, la violencia y al aislamiento. Por ello, las autoridades corresponsables del sistema penitenciario nacional necesitan implementar acciones desde un enfoque de género con el fin de reducir las desigualdades vividas por estas mujeres y, de esta forma, garantizarles un acceso equitativo a sus derechos.

