Madres en la cárcel: niños que crecen tras las rejas

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Almoloya de Juárez, Estado de México.- Detrás de las rejas de la cárcel, “Perla” despierta todos los días desde hace seis años pues está acusada de haber participado en un secuestro; sin embargo, hace un año y medio se enteró de que iba a ser madre, lo que le devolvió las ganas de luchar.

Su pequeña hija apenas tiene siete meses, pero su energía mantiene ocupada a la joven madre y centrada en sus deberes para protegerla. Maternar en prisión no es lo ideal, pues Perla reciente físicamente que es la única a cargo de su bebé; aunque no en lo emocional.

El derecho a vivir con la madre es uno que se protege, es por ello que en cinco penales mexiquenses viven 23 pequeños de entre 0 y 3 años, que es lo que la ley de procedimientos penales permite.

En el penal de Santiaguito, ubicado en Almoloya de Juárez, Perla pasó de vivir en una celda común al área A-1, que es la de maternidad. Ahí hay colores y dibujos en las paredes. Parece incluso la entrada a un área donde los barrotes toman otro significado, uno que se asemeja más a la protección que al encarcelamiento, aunque sea sólo por tres años.

De acuerdo con Tejiendo Redes Infancia en América Latina y el Caribe, diversos estudios refieren que antes de los 6 años, las infancias no dimensionan lo que es vivir dentro de un penal por lo que se protege el interés superior de la niñez al permitir que la primera infancia la pasen con sus madres, aunque sea detrás de las rejas.

Desde que supo que estaba embarazada, Perla se ha dedicado a defender su inocencia y busca reabrir su caso, pues sufre desde ahora la ansiedad de separación. Sabe que el tiempo corre en su contra ya que sólo tiene 2 años y medio más a lado de Lya.

Maternar en la cárcel

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL) 2021 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) a nivel nacional, 400 pequeños viven con sus madres en los distintos penales, aunque no todos en las condiciones óptimas. En el Edomex son 23 niñas y niños en cinco penales, aunque sólo en dos hay un área donada por la sociedad civil para su sana recreación.

Al ser una población carcelaria, las y los pequeños se enfrentan en distintas ocasiones a un ambiente hostil, violento y de abusos. Así lo han alertado incluso desde la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

Para Juan Martín Pérez García, director de Tejiendo Redes Infancia en América Latina y el Caribe, la convivencia en las cárceles con menores de 3 años tiene grandes desafíos, ya que las instalaciones necesitan ajustes razonables para que se logre el objetivo de proteger el interés superior de los niños y las niñas; además de que deberían implementarse políticas para que, si el delito no es grave, se pueda maternar en arresto domiciliario.

El activista recordó que diversos estudios revelan que antes de los seis años, los infantes no comprenden lo que es vivir en la cárcel, para ellos, viven cerca de sus madres por lo que, si se tienen las condiciones adecuadas, el permitir que vivan intramuros con ellas mientras compurgan su sentencia tiene un impacto positivo, en especial durante el periodo de lactancia.

Pese a ello, Pérez García lamentó que con mucha frecuencia, la cárceles tienen dominio criminal por lo que los pequeños que están en prisión podrían estar en riesgo por lo que se debe ponderar su seguridad.

Señaló que, a nivel nacional, las autoridades carcelarias han depositado la seguridad de los infantes en la madre, lo que es violatorio de los derechos humanos porque este rubro para ambas personas, es responsabilidad del Estado.

En ese sentido, Pérez García consideró que, además de vigilar las condiciones de los penales, se debería establecer un límite de convivencia por caso y no a partir de una ley generalizada.

“Perla”, madre en reclusión

Además de cubrir las necesidades básicas de su hija, Perla se levanta para estar lista y llegar a los talleres de la Bebeteca, un área donada por la Fundación Reinserta en la que las infancias pueden desarrollarse sanamente.

Un estudio publicado por el Senado de la República señala que el número de mujeres en los reclusorios o centros de readaptación social ha ido en aumento en nuestro país.

En el Informe Especial de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos sobre las Mujeres Internas en los Centros de Reclusión de la República Mexicana se menciona la “preocupación por las condiciones y el trabajo que se brinda a las mujeres que se encuentran privadas de la libertad y a los niños y niñas que viven con sus madres internas, a partir de una evaluación a los centros de internamiento donde se alojan”.

Una de las respuestas fue otorgada por Reinserta cuando se fundó la primera Bebeteca en el penal de Santa Martha Acatitla en la Ciudad de México y, seis años después, la primera en el Edomex, en el penal de Santiaguito.

Ahí, Perla pasa las mañanas con su hija entre pelotas, libros, juguetes, peluches y talleres de crianza positiva, estimulación temprana, desarrollo motriz, cognitivo, habilidades de lenguaje y habilidades sociales para el desarrollo de los niños o niñas que se encuentran dentro de la prisión con sus madres y se desarrollen lo más cercano posible a cómo vive un niño fuera de prisión.

Llega temprano y comienza con la estimulación, pero también a crear comunidad pues es este penal viven seis menores más, quienes también están a cargo de otras mujeres privadas de su libertad, quienes laboran en la Bebeteca.

Una de ellas es Cinthya, también recluida por secuestro. Al convivir con las y los pequeños, su estancia en el penal de Santiaguito ha sido llevadera, pues enfrenta una condena de 116 años.

Además de impartir talleres y vigilar que todo sea utilizado de manera correcta, también le ha tocado dar apoyo emocional a las madres, pues una vez que los menores son excarcelados, la depresión llega.

Lo que sí reconoce es que la Bebeteca visibilizó a las infancias en penales, que hasta hace unos años sólo eran preocupación de los familiares.

En total, en el Estado de México habitan 23 niños en los penales, de estos, seis están en Santiaguito, dos en el de Chalco, dos en Chiconautla, ocho en Neza-Bordo y uno en Texcoco; aunque esta cifra queda corta cuando se toma en cuenta que 2 mil 500 niños a lo largo de la entidad mexiquense visitan todos los días a sus mamás y papás dentro los centros de prevención y readaptación social de la entidad.

Autora:  FERNANDA GARCÍA

Disponible en: Madres en la cárcel: niños que crecen tras las rejas | La Silla Rota

 

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